Concierto del artista Gil de Gálvez en Viedma
El maestro, director de orquesta y violinista español José Manuel Gil de Gálvez concluyó de manera fructífera su primera gira en Argentina, que tuvo lugar entre el 19 y el 30 de agosto.
Durante este periodo, el músico desarrolló una agenda artística y formativa por distintas ciudades de la Patagonia que incluyó conciertos, conferencias, clases magistrales y actuaciones como solista. Este evento contó con el apoyo de la Obra Cultural de Fundación Universitaria Iberoamericana (FUNIBER) y de la Universidad Europea del Atlántico (UNEATLANTICO), la Fundación Hispania Música, el Ministerio de Cultura de Argentina y la Embajada de España.
Un homenaje a Manuel de Falla
La llegada de Gil de Gálvez al país adquiere además un significado especial en 2026, año en el que se conmemora el 150.º aniversario del nacimiento de Manuel de Falla, una de las figuras fundamentales de la música española del siglo XX y un compositor cuya obra mantiene una estrecha vinculación histórica y cultural con Argentina.
La primera parada de la gira fue Viedma, en la provincia de Río Negro, donde el maestro español se puso al frente de la Orquesta Filarmónica de Río Negro los días viernes 21 y sábado 22 de agosto en la Iglesia Catedral de Viedma. Los conciertos estaban dedicados especialmente a la música española y tuvieron como eje la obra de Manuel de Falla.
El programa incluyó Fanfare pour une fête, Fanfare sobre el nombre de Enrique Fernández Arbós, la Danza española n.º 1 de La vida breve y las suites de El sombrero de tres picos. El repertorio se completó con La procesión del Rocío y «Orgía», de las Danzas fantásticas de Joaquín Turina; Adiós a la Alhambra (Canción morisca), de Jesús de Monasterio; y el célebre Intermedio de La boda de Luis Alonso, de Gerónimo Giménez.
La selección propone un recorrido por distintas expresiones de la música española de los siglos XIX y XX, en el que confluyen tradición, riqueza orquestal, evocación popular y virtuosismo. A su vez, la interpretación de Adiós a la Alhambra permitió a Gil de Gálvez mostrar su faceta como violinista solista, estableciendo un diálogo entre su labor al frente de la orquesta y su experiencia como intérprete.



